La combinación de audio y voz en un medio de comunicación masiva tuvo lugar por primera vez en el desarrollo del cine sonoro, alrededor de 1920. Este adelanto representó una renovación de las prácticas de filmación y concepción misma del cine y luego de la televisión, ya que brindaban una experiencia mucho más rica y semejante a la vida real a sus representaciones, que hasta entonces se parecían más a lo teatral.
La llegada, así, de las nuevas tecnologías de la información y en especial de Internet y los distintos formatos de video digital, significó un cambio aún más rotundo, en el que estos elementos tan semejantes a la vida real podían ser manipulados e intervenidos para generar sorprendentes efectos visuales y auditivos, como los que hoy disfrutamos en el cine de ficción.
Además, la popularidad de las redes virtuales permitió la circulación masiva de contenidos audiovisuales, hasta el punto tal que cualquier usuario con un teléfono celular dotado de cámara puede registrar eventos audiovisualmente y compartirlos con el público, o incluso comunicarse con familiares lejanos en tiempo real, pudiendo verlos y escucharlos a través de enormes distancias.
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